Una parte importante de la obra de muchos pinto- res siempre fue el estudio de las obras de otros pintores, copiarlas, analizarlas, descomponerlas y recomponerlas hasta hacerlas propias. Hay innumerables ejemplos de cuadros re interpretados a través del espíritu de cada pintor. En este pequeño artículo nos proponemos repasar algunos de estos cuadros que nos muestran una re interpretación diferente, es decir, la visión distinta de cada pintor.
Durante sus años de estudio, Auguste Renoir (1841 – 1919) pasó horas copiando, en la compañía de su amigo Henri Fantin-Latour (1836 – 1904), las obras de los grandes maestros franceses, italianos y holande- ses. “La pintura sólo puede ser aprendida en los museos. Cuando digo que la pintura tiene que ser aprendida al Louvre, no quiero sugerir que hay que copiar lo antiguo para pintar como Rafael o Rubens. Hay que pintar con- forme la época en la que vivimos. Pero sólo en los mu- seos nos surge el deseo de pintar…La naturaleza no nos puede incumbir este sentimiento. El ser humano no decide ser pintor cuando ve un panorama bonito, sino cuando mira otras pinturas.”
Fue influenciado por varios pintores, como Bou- cher, Delacroix, Ingres. Renoir busca su inspiración sobre todo en Ingres (1780 – 1867) y en su “Baño turco“ al pintar sus “Les Grandes Baigneuses”, con sus cuerpos femeninos de líneas claras y precisas y el color de piel suave. Es evidente la influencia de Ingres también en la representación de las tres mujeres en el primer plano del cuadro. La influencia de Rafael, que descubrió durante sus viajes a Italia también se puede notar en este mismo cuadro: “Vi en Roma la Venus de Rafael…sus manos…maravillosas …”
En 1881 pinta El Almuerzo de los remadores, el cuadro que sería uno de los más importantes de la pintura impresionista. Renoir capta el particular efecto de luz tamizado por el toldo y evoca la atmósfera de un día lleno del sol del verano al borde del Sena. Sus cuadros son una galería de retratos de amigos y conocidos del pintor. La hermosa joven que juega con el perrito es Alice Charigot, que años más tarde será su esposa. En frente de ella, la actriz Ellen André, que observa enternecida a su novio, el rema- dor. Apoyados en la balaustrada, el propietario del hostal y su hija Alphonsine. Al fondo, el banquero y coleccionista de arte impresionista Charles Ephrussi.
En 1906, le toca a Paul Cézanne (1839 – 1906) inspirarse tanto en Ingres como en Renoir. Él también se vuelve obcecado por este cuadro que pinta durante 10 años. Mientras que Cézanne pintaba sus “Les grandes Baigneueses”, un buen amigo suyo escribía:”realizó por lo menos 30 cuadros de prueba, de pequeñas dimensiones, entre éstos, dos o tres son muy buenos y atrevidos; también realizó un montón de esbozos, acuarelas y diseños que podían formar un álbum entero.” Fue así que nació una de sus mayores obras.
Hay tres cuadros titulados “Les grandes Baigneueses”, muy parecidos entre ellos, pero la mayor intensidad se concretizó en el cuadro que ahora puede ser visto en Philadelphia. Los colores simples y armoniosos están empleados como si se tratara de una acuarela.
La pintura de Cézanne tuvo un gran impacto sobre el arte del siglo XX, incluyendo el arte abstracto. A partir de Cézanne se desarrollan casi todas las corrientes del siglo XX. Los simbolistas ven a Cézanne como su Maestro. Matisse afirma: “Cézanne es el Maestro de todos nosotros.”
Pablo Picasso sabe cuanto le debe a Cézanne él también. Después de la muerte de Cézanne, pinta, en 1907, su famoso cuadro “Las Señoritas de Avignon”, que es un homenaje al cuadro “Les Grandes Baigneuses” de su predecesor y un reconocimien- to sincero de su admiración por Cé- zanne.
Con este cuadro, Picasso marca el despegue definitivo del arte contemporáneo. Antesala del Cubismo, esta escena de burdel aborda con un nuevo lenguaje un tema tradicional. Desde un interior angosto, en articulados planos cromáticos, las meretrices, como si de geométricos tótems se tratase, interpelan con desafiante mirada.
Una reinterpretación del cuadro “Venus de Urbino“ de Tiziano (1488 – 1576) hizo Édouard Manet ( 1832 – 1883) en “Olympia” en 1863. La obra produjo uno de los escándalos más famosos de la historia de la pintura, cuando fue presentada en 1865 en el Salón. Manet se liberta de los lazos convencionales pesados pero también guarda la energía y la actualidad del cuadro de Tiziano. Su modelo fue Victorine Meurent. Su deseo de mostrar una mujer concreta, a partir de la cual pretendía crear una Venus moderna asombró a sus contemporáneos. En el cuadro todo indica, utili- zando las palabras del propio Manet, “la sensualidad dura de Victorina”. Las tonalidades blancas de los materiales (las sábanas y hasta el chal) están representadas de un modo tradicionalista., cubriendo e iluminando la belleza del cuerpo. La pequeña cinta de ter- ciopelo negro, atada alrededor del cuello, es “el último obstáculo hasta la desnudez total”, escribía más tarde Michel Leiris (1901 – 1990). La cinta desnuda todavía más el cuerpo, y, gracias al poder del contraste, realza los tonos suaves de la piel. El gato negro substituye el perro adormecido del cuadro de Tiziano. Baudelaire, al ver el gato, exclamó: “¡Maravilloso gato, duérmete sobre mi corazón apasionado!”. El ramo de flores en la mano de la sirvienta también escandalizó, por ocu- par casi tanto espacio como el desnudo. “¡No es saludable que un ramo de flores gozase de más atención que un cuerpo de mujer!” lo burlaba un crítico.
Pero, muchos jóvenes pintores demostraron su entusiasmo por la obra de Manet. Cézanne afirmó: “¡Usted logró una obra tan grande como sólo un pintor verdadero puede llegar a crear!” y en los años 70 pintó dos variantes de la Olympia moderna.
Unos años después, Paul Gaugain (1848 - 1903) también reinterpreta este cuadro famoso que despierta el escándalo, creando una Olympia oceánica. La copia de la Olympia estaba colgada en la pared del taller del artista en los trópicos. El cuadro de Gaugain “ Tre Arii Vahine ” (1896) será comprado por Degas que lo guardará hasta el final de su vida.
En 1903, el joven Picasso también llega a ser influenciado por Manet y realiza “La Parodia de Olympia” .
Del “Retrato del Papa Inocencio X” de Velázquez , se ha dicho que es el mejor retrato de toda Roma. Velázquez consigue en este cuadro, sin apartarse de los esquemas tradicionales de retratos pontificios, imponer su personal toque de novedad. Sorprende por su veracidad y el estudio psicológico del personaje, hasta el punto de que el propio retratado exclamó “demasiado real” al verlo.
“El Retrato del Papa Inocencio X” de Velázquez fue el blanco de la interpretación aterrador de Francis Bacon en 1953. El cuadro muestra la expresión torturada de un papa sangriento, encarcelado en una construcción tubular semejante a un trono. El fondo, pintado en líneas verticales, realza cruelmente la figura que grita, inmovilizada, impotente, con los puños apretados.
El retrato de Velázquez obsesionó en toda una etapa de su vida a Francis Bacon, que hizo de él numerosos estudios, los más famosos muestran a un Papa de rostro deformado, profiriendo un grito de angustia existencial.
Procedente como Velázquez de un país de profundas raíces católicas, Bacon convierte sus estudios de Papas en un claro ataque a la religión, al dogma y a la autoridad de la Iglesia.
La maestría del pintor inglés Glenn Brown, (nominado al premio Turner del 2000), radica en esa mezcla bizarra de gélida nostalgia con euforia petardista donde coexisten visiones repetidas de humo sólido, realizadas con exquisitez de fina repostería. Piel azul poblada de costras radioac- tivas que reflejan una época de futuro anterior para el cuerpo y el planeta. Entre representaciones de obras de los grandes maestros figuran Rembrandt, Goya, Velázquez. El Retrato del Papa Inocencio X por Velázquez fue el punto de partida para su retrato de Mark E. Smith.





